Selecciona acá para volver al inicio
La Leyenda de El Dorado

La Leyenda de El Dorado

Aunque esta leyenda es de toda América del Sur, y se lo ha ubicado en diversos sitios, sin hallarlo; una de las versiones lo adjudica a los rituales celebrados por los indígenas en la laguna de Guatavita.

La gente acudía allí a dejar ofrendas y pedir favores. Las ofrendas en oro, esmeraldas y otras piedras semipreciosas, eran ofrecidas a las aguas, después de ir en balsa hasta el centro de la laguna, y allí realizaban ceremonias y arrojaban loas ofrendas.

Como hemos dicho, también el cacique Guatavita, que  se bañaba en la laguna que lleva su nombre, desnudo y cubierto por resinas y polvo de oro; por lo que los españoles bautizaron a esa provincia como El Dorado.

Dice Vicente Restrepo, en su libro "Los chibchas antes de la conquista española", Bogotá, 1895:

De la laguna de Siecha se sacó una pieza de oro: su forma era la de una balsa circular, de nueve y medio centímetros de diámetro, sobre la cual estaban colocadas diez figuras humanas (Véase la figura 3). La principal, dos veces más alta que las demás, es un jefe guerrero de la clase de los guechas, pues lleva en las mejillas, cerca de los labios, cuatro canutillos de oro y dos más colgados al cuello; tiene en la mano izquierda una tiradera y dos dardos; las demás están en cuclillas, apoyados los codos en las rodillas: todas están desprovistas de arreos. Según la opinión del doctor Zerda "esta pieza representa la ceremonia del Dorado; es decir, al cacique de Guatabita rodeado de los sacerdotes indios sobre la balsa de juncos que los conducía al centro de la laguna en el día de la oblación."

3.jpg (33454 bytes)
3. Balsa de oro de 0'800 de ley, que lleva un guerrero guecha armado con la tiradera, con canutillos de oro en las mejillas y rodeado por nueve indios sentados en cuclillas.  Fue hallada en la laguna de Siecha, pesaba 262 gramos, y medía su diámetro 9 1/2 centímetros.

En la Elegía a la muerte de D. Sebastián de Belalcázar, dice D. Juan de Castellanos:

...Belalcázar inquiría
Un indio forastero peregrino
Que en la ciudad de Quito residía,   
Y de Bogotá dijo ser vecino,
Allí venido no sé por qué vía;
El cual habló con él, y certifica
Ser tierra de esmeraldas y oro rica.
Y entre las cosas que les encamina
Dijo de cierto rey, que sin vestido,   
En balsas iba por una piscina
A hacer oblación según él vido,
Ungido todo bien de trementina,
Y encima cantidad de oro molido,
Desde los bajos pies hasta la frente,
Como rayo del sol resplandeciente.
Dijo más las venidas ser continas   
Allí para hacer ofrecimientos
De joyas de oro y esmeraldas finas
Con otras piezas de sus ornamentos,
Y afirmando ser cosas fidedinas:
Los soldados alegres y contentos
Entonces le pusieron el Dorado....
Lo cual os vendo yo por cosa cierta."

Rodríguez Fresle fue amigo de D. Juan, cacique de Guatabita, sobrino y sucesor del que hallaron los conquistadores en el gobierno cuando entraron a la tierra de los Chibchas. Este se hallaba entonces retirado en unas cuevas, practicando el ayuno de seis años a que estaba obligado el futuro señor del cacicazgo. De boca de él supo Fresle cómo se practicaba por el nuevo cacique la ceremonia del Dorado, que describe en los términos siguientes:

Cumplido el ayuno se metía en posesión del cacicazgo, y la primera jornada que había de hacer era ir a la gran laguna de Guatabita a ofrecer y sacrificar al Demonio, que tenían por su dios y señor. La ceremonia que en esto había era que en aquella laguna se hacía una gran balsa de juncos, aderezábanla y adornábanla todo lo más vistoso que podían; metían en ella cuatro braseros encendidos, en que, desde luego; quemaban mucho moque y trementina con otros diversos perfumes. Estaba en este tiempo la laguna en redondo, con ser muy grande, toda coronada de infinidad de indios e indias, con mucha plumería, chagualas y coronas de oro con infinitos fuegos a la redonda, y luego que en la balsa comenzaba el sahumerio, lo encendían en tierra, en tal manera que el humo impedía la luz del día. A este tiempo desnudaban al heredero en carnes vivas, y lo untaban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo molido, de modo que iba todo cubierto de este metal. Metíanle en la balsa en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la balsa cuatro caciques, los más principales, sujetos a él, muy aderezados de plumería, coronas de oro, brazales y chagualas, y orejeras de oro también desnudos, y cada cual llevaba su ofrecimiento. En partiendo la balsa de tierra comenzaban las cornetas, fotutos y otros instrumentos, y con esto una gran vocería que atronaba los montes y valles, y duraba hasta que la balsa llegaba al medio de la laguna, y los demás caciques que iban con él y le acompañaban hacían lo propio; lo cual acabado, abatían la bandera, que en todo el tiempo que gastaban en el ofrecimiento la tenían levantada, y partiendo la balsa a tierra comenzaba la grita, gaitas y fotutos con muy largos coros de bailes y danzas a su modo; con la cual ceremonia recibían al nuevo electo y quedaba reconocido por señor y príncipe."
(Vicente Restrepo, "Los chibchas antes de la conquista española"
, Bogotá, 1895)

Quimbayas | Taironas | Chibchas o Muiscas | Breve Vocabulario Chibcha | La Leyenda de El Dorado

Colombia, tierra de pasiones | Departamentos de Colombia | Banderas de Departamentos | Símbolos | Himno Nacional | Constitución Colombiana | Aborígenes de Colombia | Mapas de Colombia | Patrimonios | El Tejo, deporte nacional | Recetas colombianas | Creencias Populares Colombianas

 


Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (cc) 1996 - 2011
Contenidos distribuidos bajo una
Licencia de Creative Commons.
Licensia de Creative Commons